Después de desayunar, una de las chicas de 'los viajes', entró por la puerta de la oficina. Traía la Noticia del Día, con mayúsculas: "Chicos, ¿Os habéis enterado que ha aparecido un pingüino en la Torre del Oro?" Su cara reflejaba el entusiasmo de quien publica una primicia. "Lo he leído en uno de esos periódicos que escribís vosotros". Claro, ella estaba hablando con 'la clase periodista', igual que nosotros estábamos hablando con 'la chica de los viajes'.
Antes que ella llegara a su sitio mi compañero y yo habíamos abierto Google News, otra compañera El Correo de Andalucía con un terrible resultado. Había pingüinos acosados por focas, pingüinos que tenían descendencia y activistas de Greenpeace descongándose de la Torre del Oro. Ni rastro del animalillo que buscábamos.
Ella, que nos estaba escuchando, salió de la oficina en busca del periódico y volvió con él en la mano, abierto por la página que nos había anunciado y con una sonrisa de oreja a oreja: "¿Veis?". Increiblemente, lo veíamos. Era la portada de un periódico con una foto donde aparecía en primer plano el animalillo de espaldas mirando hacia la Torre del Oro. La cabecera: Daily Sevilla. Automáticamente volví a recurrir al señor Google, pero tampoco me ofrecía resultados para ese nuevo periódico. En ese momento se rompió la magia. Ya no había pingüinos hispalenses ni periódicos abiertamente sensacionalistas. En una esquinita, como si de la sección se tratase aparecía: Publicidad. No tuve más remedio que destrozarle la ilusión a ella también y descubrimos que no fuimos los primeros a los que le contaba la noticia.
Ella, que nos estaba escuchando, salió de la oficina en busca del periódico y volvió con él en la mano, abierto por la página que nos había anunciado y con una sonrisa de oreja a oreja: "¿Veis?". Increiblemente, lo veíamos. Era la portada de un periódico con una foto donde aparecía en primer plano el animalillo de espaldas mirando hacia la Torre del Oro. La cabecera: Daily Sevilla. Automáticamente volví a recurrir al señor Google, pero tampoco me ofrecía resultados para ese nuevo periódico. En ese momento se rompió la magia. Ya no había pingüinos hispalenses ni periódicos abiertamente sensacionalistas. En una esquinita, como si de la sección se tratase aparecía: Publicidad. No tuve más remedio que destrozarle la ilusión a ella también y descubrimos que no fuimos los primeros a los que le contaba la noticia.





